Amor-dazada

Araceli Ordoñez Cordero | diarioalmomento.com

Deseo de sentir...

Amor-dazada

Araceli Ordoñez Cordero

 Amor-dazada

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Febrero 12, 2015 03:07 hrs.
Cultura Estados › México Ciudad de México
Araceli Ordoñez Cordero › diarioalmomento.com

Cuan bello es amar: ternura infinita,
vida en cada átomo de sol,
fuego sempiterno que consume,
vino delicioso: delirio del que lo bebe…

Una mujer sintió en el estómago las tan añoradas mariposas que relaciono con su gastritis, pero eran tan insistentes cuando a su pensamiento llegaba él, sin percatarse de ello trató de seguir con su receta de papas crudas, pero ahora el revoloteo de las mariposas se instalaba en el pecho, y comenzaba una taquicardia a la que achacaba tan copiosa lluvia de sensaciones. Los días siguieron el curso lento y pesaroso de mañana, tarde y noche, vuelta y vuelta en la cama sin poder dormir.
Pero algo estaba fuera de sí: el calor en su cuerpo, un escalofrió repentino cuando leía alguna misiva que le dejaba él, la sonrisa perdida de sus labios brotó como una prímula en la puerta de la ansiada primavera… Ese caparazón de galápago se desmoronó, como un árbol devorado por la polilla dejando sólo una ilusión. Se levantaba al despuntar el alba. Sin saber por qué y cómo todo cambió: dejando atrás el velo negro de la infancia. Esa Mañana ya no era la misma; el frío al dejar la cama acarició su desnuda piel, se abrazó por instinto, su cuerpo pedía un estiramiento, disfrutó del roce de aquel viento que se colaba por la ventana abierta, su mirada se posó en los primeros rayos de sol, una gama cálida incubo su hosquedad, mutándola en brisa marina que repartía doquiera que caminaba…
Una palabra de él llego… -Hermosa…
Un suspiro salió de su pecho, la falta de aire la dejó paralizada… Enmudeció interna y externamente…
No pudo articular palabra, un devaneo de serpientes estremeció su sombra de pies a cabeza. La gobernó ese intrínseco deseo de sentir, no pensó, no pudo, no quiso, no, no…

Sentimiento nombrado por tantas bocas…

Debajo de las sabanas se gestaban pensamientos idealizados, horas que competían con sueños, el deseo se vistió de pasión: torbellino que se agazapó de sí cuando estuvo en sus brazos, probó en candor de un instante, vivió en unas horas amordazada, creyó que era un juego… La luz brillo en el filo de una daga… una mano violo-ncello las notas de sus labios…




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