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#EL EXCÉLSIOR DE AYER


#EL EXCÉLSIOR DE AYER

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Abril 22, 2021 16:35 hrs.
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III
ALFREDO JIMÉNEZ R.
Julio se confió, todos nos confiamos. Después de los desacuerdos con los gobiernos de Luis Echeverría y el entonces secretario de Hacienda José López Portillo, en los 70, y luego con la iniciativa privada al interior de EXCÉLSIOR comenzó a fraguarse la traición en contra de Scherer García y la mayor parte de su equipo de trabajo.
Personal engañado y manipulado por Díaz Redondo, golpeadores y personas extrañas que provenían de la Secretaría de Gobernación, la envidia desbordada, focos de violencia en todos los rincones de los inmuebles de Bucareli y Paseo de la Reforma y prácticamente todo el equipo de redacción copado en el tercer piso del edificio principal de la empresa, ocurrió el asalto.
La cordura prevaleció porque también se ventiló la opción de la defensa, pero había armas de por medio, objetos contundentes y corto contundentes. La postura de Scherer García de preservar la integridad del grupo, fue la más indicada, no enfrentar las ideas a las armas ni a la fuerza bruta. Entre una gritería infame y una doble valla de sombrerudos amenazantes, el grupo salió con la cara en alto por la puerta de Paseo de la Reforma número 18.
En las inmediaciones hubo acuerdos y se decidió una gran reunión en el domicilio particular de Marco Aurelio Carballo. Lo que ahí ocurrió marcó la pauta para que unos meses después naciera la revista Proceso y más tarde Unomásuno. El diario Exélsior, se publicó de milagro el 9 de julio y días posteriores con los boletines de prensa escritos en directo en linotipos y con las copias de la información de El Universal que alguien de ese medio sustrajo y entregó a la ’flamante’ dirección del nuevo Excélsior, el de Díaz Redondo y su camarilla que, durante 24 años se pasaron la estafeta de los cuadros de mando para preservarse como cooperativa. De inmediato ese Excélsior se perfiló como el Pravda de la Unión Soviética, periódico oficial del partido en el poder y el poder mismo.
En la casa de Carballo ese día (tarde y noche del 8 de julio) se consumió el contenido de un centenar de botellas de licor. Y Scherer García pidió a muchos que ’regresaran al diario, porque la lucha debe darse también desde dentro. Espérennos que ya regresaremos’. Nunca ocurrió.
A pesar de Díaz Redondo, José Barrenechea, Rodolfo Flores Rivera, Ricardo Pérez, conocido como ’Perete’, Bernardino Betanzos, Julio Peña, Antonio Zavala, Víctor Payán, Pedro Contreras Niño, Juventino Olivera, y otros, Excélsior recibió la inyección de nuevas plumas. Otros reporteros de primer orden se fueron incorporando en un gran intento por recuperar el prestigio de la Casa EXCÉLSIOR.
Llegaron como refuerzo Antonio Garza Morales, Jesús Rangel, Aurelio Ramos, Antonio Castellanos, Alfredo Marrón, Manuel Olivares, Mario Ruíz Redondo, Liliana Vázquez, Ignacio Gutiérrez Acosta, Héctor Adorno Ruíz, Ignacio Herrera Alcántara, Irma Pilar Ortiz, Margarita García Colín. Todos ellos profesionales del periodismo y dispuestos a rescatar el prestigio perdido. Una nueva revuelta interna volvió a cimbrar al ’Tecolote’. Díaz Redondo se apuntaló a balazos corrió a varios de sus seguidores para proseguir con la caída libre de la cooperativa y el periódico del cual se erigió como Director General, Presidente del Consejo de Administración y prácticamente como dueño y dios de Excélsior. Su expulsión fue vergonzosa pero dejó sembrado el rencor, la envidia, la bravuconada, la violencia y el caos. Sus secuaces y seguidores aún pululan por ahí tratando de desvirtuar la lucha por la recuperación del patrimonio y la rendición de cuentas, pero esa es otra historia.
ESPADAS Y ESPADACHINES
Corría el 70 señores y en esta misma ciudad, acontecieron los hechos, que aquí vengo a relatar… Corrido del D´Artagnan periodista.
En su departamento de Ciudad Tlatelolco, Eduardo Deschamps Rosas presentaba un cuadro de resfrío y fiebre. Marcaba el reloj las 15 horas y en el periódico había un compás de tranquilidad previa al arribo de los reporteros para iniciar su labor en las máquinas de escribir.
Alfredo Jiménez en la guardia de corresponsales y Francisco Daniel García, entonces mensajero, ayudante y secretario, preparaban el material para la sección de estados. Suena el teléfono, responde Daniel (hoy reportero gráfico de Proceso) y, del otro lado de la línea Lalo Deschamps ordena: ’ayudante, venga a mi casa para que me compre en la farmacia unas Aspirinas o Mejorales’. Daniel García responde tajante: ’Lo siento, el señor Villita (así le decía al jefe del departamento de Corresponsales nacionales, Jorge Villalobos Alcalá) no me deja ir’ y colgó el auricular.
Nuevamente el timbre del teléfono, esta vez Deshamps un poco molesto: ’Daniel, no le pregunté si Villa lo deja o no venir, venga en este momento y ya…’. Nuevamente colgó el auricular después de aclarar que ’el señor Villita no me autoriza a ir…’
En ese momento llegó el señor ’Villita’. Casualmente no se quitó su chamarra de cuero, de esas que, decían, regalaba Augusto Gómez Villanueva, Secretario de Agricultura. El teléfono volvió a sonar, pero esta vez, a gritos Lalo Deschamps ordenó: ’páseme a ese hijo de la chingada’. Señor Villa, es para usted.
Sin saber de qué se trataba, Jorge Villalobos se puso colorado y alcanzó a decir: ’Lalo, no me hables en ese tono’ y colgó.
Hasta ahí las cosas iban bien, sin embargo de pronto la puerta del departamento de Télex y Corresponsales se abrió y se cerró de un puntapié que le asestó Eduardo Deschamps.
’Jorge Villa’, gritó, ’a mí nadie me cuelga el teléfono y vive para contarlo’. Deschamps tenía un sable en la mano y, al tiempo del grito, le asestó un sablazo a Jorge Villa en el brazo. La chamarra de Gómez Villanueva amortiguó el golpe y nada pasó. Otro sablazo sobre el escritorio y toc toc toc, alguien llamó a la puerta:
’Hermano¨, hermanito Lalo, ábreme por favor, Soy Julio Scherer, no te comprometas.
Yo estiraba la mano para abrir el picaporte y, cada intento recibía el amago del sable de Deschamps. Por fin logré abrir, entró Julio y se llevó al hermanito. Jorge Villa, pálido en su asiento, solo sufrió el moretón. En la redacción, sable en la cintura, Eduardo Deschamps se paseó toda la tarde sin despegarse del arma, pero fue suspendido 15 días.
De ahí surgió el corrido del ’D´Artagnan periodista que, en las fiestas decembrinas de la dirección gozábamos propios y extraños. La autoría de la canción, obvio, letra de Alfredo Jiménez, música de José Alfredo Jiménez.
JALOU MISTER KISSINGER
Orden de trabajo para Jaime Reyes Estrada: ’Trasládese a Acapulco y entreviste a Henry Kissinger que viene de visita al puerto, lleve fotógrafo’.
El Secretario de Estado de la Unión Americana preparaba su viaje de bodas al Puerto de Acapulco y llegó directo al aeropuerto de la ciudad. Todo su equipo de seguridad fue reforzado por personal de la Dirección Federal de Seguridad, en donde Pepe Pier, compadre de Reyes Estrada permitía al reportero algunas posibilidades de acercarse a Kissinger.
Jaime acosaba al funcionario día y noche, en su automóvil seguía la caravana de guaruras y protectores del Secretario de Estado, pero nunca logró acercarse lo suficiente. Es más, en varias ocasiones le echaron las patrullas sobre su vehículo.
Así transcurrieron los 5 días con los persuasivos intentos de Reyes Estrada que, al final, observaba en el aeropuerto a Kissinger abordar el avión para regresar a su país. Una vez en la escalerilla, el funcionario volteó para despedirse, hizo un ademán de ’adios’ y volteó hacia el reportero de EXCÉLSIOR, para hacerle una seña y que se acercara al avión.
Detrás del listón de seguridad y protección, Pepe Pier comentó a Jaime, ’órale, te está llamando….’
Incrédulo y nervioso, Reyes Estrada caminó a la escalerilla del avión y sonriendo con una mueca escuchó al viajero:
’Lo felicito por su tenacidad, le concedo la entrevista, pregúnteme lo que quiera’ (obviamente todo en inglés, del cual Jaime, nada sabía). El traductor que se acercó al lugar de la entrevista, comentó al reportero: ’diga, haga su pregunta’…
Titubeante, nervioso hasta el tuétano, Jaime balbuceó; ’jalou mister Kissinger, du yu laik mexsico city?
Henry Kissinger sonrió y dijo algo así como: ’Estoy enamorado de tu país y en cuanto pueda volveré para mi boda.’
Eso bastó para que la crónica de la persecución, entrevista y boda de Kissinger, fueran la nota de 8 columnas, relatado todo ello de manera magistral.
BODAS, NOVIAZGOS
Y AMAJUJES
En uno de sus viajes a México, el Papa Juan Pablo II dijo en uno de sus mensajes que ’el periodismo era como un matrimonio sin divorcio’ y en efecto, había casos interesantes como el de Rodolfo Rojas Zea, joven y entusiasta reportero del área cultural que una noche en plena guardia se acercó a Leopoldo Gutiérrez, encargado del cierre de la edición, para solicitar un permiso de 30 minutos para abandonar la guardia.
¿Va a cenar?, lo cuestionó Polo. No señor, me voy a casar pero en un ratito estoy aquí. La carcajada se escuchó hasta la redacción, pero obtuvo la autorización para dejar la guardia en manos de los ayudantes.
Rodolfo vivía frente a EXCÉLSIOR, en paseo de la Reforma número 27 y, efectivamente ese día en esos 30 minutos se casó ante un juez de paz, con Tere Waisser, y sí, regresó a la guardia.
Tiempo después Rojas Zea suscribió una carta que hizo llegar al H. Consejo de Administración. En ella el reportero solicitaba su renuncia a la redacción en la Primera de Noticias, que precisamente se elaboraba entre las 7 y las 10 de la mañana de lunes a sábado. El motivo era muy simple: ’me quita tiempo para hacer el amor’. Renuncia aceptada, fue la respuesta. Rodolfo se concretó a su labor periodística en el diario y las especialidades.
Otra sonada boda fue la de Eduardo Deschamps y María Luisa Mendoza (La china Mendoza), escritora y columnista. Esa unión no tuvo la misma fortuna porque a la larga hubo separación con divorcio y pleito legal por la custodia del perro. Ella conservó a la mascota.
Los contratos de publicidad y la buena administración permitieron a EXCÉLSIOR allegarse de una buena cantidad de predios, terrenos y bienes diversos que incluyeron más de un millón de metros cuadrados en el Ejido la Candelaria, conocido después como Paseos de Taxqueña.
El asunto fue complicado y derivó en engorrosas demandas legales durante más de 10 años, pero al final se logró el objetivo. Paseos de Taxqueña fue una realidad, y al parecer, la punta de lanza que daría al traste con la empresa, porque la envidia, el abuso y el saqueo por parte de Regino Díaz Redondo y cómplices menores, permitieron que los bancos Atlántico y HSBC, se apropiaran de los bienes del Fideicomiso 245 Paseos de Taxqueña que hoy, todavía estén en litigio.
LA ASAMBLEA DEL
CUÁNTO Y CUÁNDO
La compra venta de terrenos en la Candelaria, el razonamiento y postura de los vendedores y los litigios derivados de la operación durante años, se ventilaron en las asambleas generales de socios cooperativistas en una de las cuales tres preguntas fueron precisas, tajantes e incómodas para las viejas administraciones del momento. El socio Teodoro Kapellman, increpó a la gerencia general a cargo entonces de José de Jesús García y soltó a bocajarro: ’Yo nada más quiero que me digan cuánto y cuándo’, obviamente se refería a los dineros que representaban la operación de compra venta de los terrenos ya propiedad de EXCÉLSIOR.
La hilaridad envolvió a la multitud de asambleístas que más tarde quedaron estupefactos con otro cuestionamiento que además, no obtuvo respuesta: ’Señor gerente –se escuchó—podría decirnos ¿para quién es el maicito que está sembrado en nuestras tierras?
Se trataba de cientos de metros cuadrados sembrados en la Candelaria. Nunca se supo, pero algunos de la administración tragaron grueso.
Problema interno de los terrenos de Paseos de Taxqueña y la molestia del Gobierno por la línea editorial del Periódico de la Vida Nacional, a cargo de Julio Scherer García, fueron parte de la causa del ’golpe de estado’ que orquestó Díaz Redondo auspiciado por Luis Echeverría Álvarez.
El 8 de julio de l976, El 90 por ciento del personal de redacción, colaboradores, editorialistas y muchos socios de administración y talleres, fue sacado de las instalaciones de EXCÉLSIOR. Regino y camarilla se apoderaron de la cooperativa, del diario, sus bienes y su prestigio que se negó a sucumbir dada la inercia de su esencia.
Veinticuatro años tuvo Díaz Redondo el control absoluto del periódico. Lo corrompió hasta casi la médula, se hizo millonario, se metió todo lo que pudo y a finales del año 2000 fue expulsado en forma por demás justa y vergonzosa. Le llovieron demandas penales que supo esquivar y torcer, principalmente porque en el inter logró de EXCÉLSIOR lo que hoy ocurre en México, lo dividió hasta la médula.
El golpe no fue solo a EXCÉLSIOR, afectó al periodismo nacional, pero permitió la creación de otros medios como Proceso, Unomásuno, La Jornada y que se reforzaran muchos periódicos del país que gustosos contrataron a plumas de calidad EXCÉLSIOR.
Desde el inicio de su gestión como ’director, presidente del consejo de administración, presidente del consejo de vigilancia’, cargos que alternó uno tras otro hasta unificarlos, Díaz Redondo recurrió a todo tipo de trampas hasta lograr que casi la totalidad de los socios de la cooperativa se descapitalizaran con el propósito de vender los bienes productivos y apoderarse de los dineros de la malvada operación que, por fortuna, un nutrido grupo de cooperativistas impidió, aplicándole la cláusula de exclusión pese a sus viudos y viudas que aún hoy hacen intentos desestabilizadores para evitar la rendición de cuentas.
Regino simuló asambleas, realizó varias más de escritorio, modificó las bases constitutivas para nombrarse director general, porque al no ser hijo de padres mexicanos, estaba impedido de formar parte de la dirección del periódico.
Los socios fueron descapitalizados y empobrecidos. La mayoría de ellos había gastado sus aportaciones, el adeudo los alejaba del derecho de repartición en caso de la venta de los activos productivos. Díaz Redondo, que ya había adquirido un palacio en España, firmó contrato de compraventa con Olegario Vásquez Raña al final de 1999. Ambos se penalizaban por incumplimiento y Díaz Redondo fue echado a la calle. La venta, en esa ocasión, se las tiramos. Se dice que el pago por incumplimiento fue de millones de pesos.
Nueva administración, directivos, complicidades y venta en el 2006 al mismo comprador apoyado en esta ocasión por Martha Sahagún y el Expresidente Vicente Fox.
En caída libre por la actitud cómplice de propios y extraños…
CONTINUARÁ




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