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#EL EXCÉLSIOR DE AYER


Regino Díaz Redondo modifico estatutos para ostentar control y poder absoluto

#EL EXCÉLSIOR DE AYER

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Junio 29, 2021 19:38 hrs.
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-V-
Por Alfredo Jiménez R.

La labor de los consejos de administración y vigilancia se quintuplicó y dificultó por el desconocimiento de sus nuevos integrantes respecto a las cláusulas, artículos y bases constitutivas, muchas de las cuales fueron modificadas en asambleas de escritorio, promovidas por y en favor de Regino Díaz Redondo para llegar a colocarse como Director General y Presidente del Consejo de Administración y ostentar control y poder absoluto en la cooperativa y, obviamente, en el manejo de la información.
Los socios vivían como ’juniors’ endiosados con sus directivos que, por si fuera poco, se intercambiaban los puestos de mando cada dos años y así, pese a la llegada y contratación de buenos reporteros, jamás EXCÉLSIOR alcanzó el nivel que tenía hasta mediados del 76.
La salida de Julio Scherer y ’toda la redacción’ dejó desamparado a EXCÉLSIOR en cuanto a reporteros, editorialistas, redactores, reporteros gráficos, corresponsales, dibujantes, en fin, los primeros días después de ese 8 de julio, quedó ’encuerado’.
Díaz Redondo trató de convencer a Francisco Cárdenas Cruz a quedarse incluso como gran titular de las cuestiones políticas. Fue rechazado y, con otros compañeros se fue a El Universal. (Bien por ellos).
La desolación colmó el ambiente, EXCÉLSIOR y gobierno caminaron de la mano y fueron casi 25 años de cosas malas que parecían buenas, de engaños, trampas, abusos y saqueos de Díaz Redondo y cómplices, muchos de los cuales y pese a Vázquez Raña, ahí siguen incrustados o, por fuera, tapujan tanta maldad.
ESFUERZOS TRUNCOS,
VORACIDAD SIN LÍMITE,
CAÍDA LIBRE
Al echar abajo la intención de venta de los activos en el 2000, expulsar a los mañosos, conformar nuevos consejos y el cambio de directivos que, por cierto fueron nombramientos ilegales por no figurar en el orden del día de la asamblea en la que fueron designados por mayoría de votos; EXCÉLSIOR emprendió nuevos esfuerzos por recuperarse y salir adelante. Había que recomponer todo, a fondo, desde la estructura de la cooperativa. Las deudas y compromisos afloraron, no había beneficios repartibles para los socios ni salario para los eventuales, se carecía de liquidez para insumos indispensables como tina y papel.
Los adeudos que dejaron Díaz Redondo, Barrenechea y Olivera, afloraron con gran prisa y mientras se integraban comisiones y se formabas grupos para recuperar los bienes, apretaban los acreedores y salían a flote los abusos, trampas y saqueos, los socios y trabajadores se sumían en el desconcierto y la desesperación.
Resultaba imposible luchar contra los cómplices internos, los cebados, los que por sus propios adeudos con la cooperativa se sabían desamparados y buscaban como ocultar su situación. Los que se fueron expulsados y sujetos a investigación, destruyeron documentos, libros de administración, papelería que los comprometía. En fin, el desmadre y el desorden eran mayúsculos y, mientras se buscaba solución, día con día surgían problemas mayores, externos e internos.
Díaz Redondo y Barrenechea no perdieron el tiempo y distribuyeron cantidades de dinero, salarios y pagos a su ’grupo de viudos y viudas’ que no tardaron en sumarse a la cauda de problemas que ahogaban al diario y obviamente a la cooperativa.
El caos era inmundo, nos rebasaba y, de todos los rincones, de cada departamento en las tres ramas, talleres, administración y redacción, se asomaban aquellos que creían merecer las jefaturas o que conocían los abusos y maldades de fulano y zutano. Hubo graves acusaciones de saqueos inimaginables, de trampas, mal obras y traiciones, chismes y chismes. Además había que acumular las pruebas contra Díaz Redondo y sus vasallos, rescatar los bienes inmuebles, buscar la documentación del Fideicomiso 245 Paseos de Taxqueña, auditar la caja general, contabilidad, publicidad, facturación, suscripciones, bienes y servicios, el departamento jurídico, etcétera, etcétera. No había descanso y, obvio y de mayor importancia, la obtención de recursos para beneficios, salarios y pagos.
En la búsqueda de inyección de recursos hubo intentos diversos, Rafael de la Huerta trajo a Alfonso Romo, quien ofreció una auditoría completa y gratuita con Price Water House, pero se cayó cuando los especialistas llamaron al jefe de personal y le preguntaron cuál era la política y el proyecto laboral en la empresa y, sin más, apuntó ’pues la misma, es crítica, plural e independiente’. Se fueron para no regresar.
También De la Huerta interesó a un grupo internacional de jubilados españoles para invertir 400 millones de pesos e instalar fibra óptica y hacer repetidoras de EXCÉLSIOR en algunos países de Iberoamérica, nosotros (EXCÉLSIOR), pondríamos los inmuebles como garantía.
Todo iba bien, se avanzaba pero no faltó quien con toda la mala leche del mundo esparció la noticia de que entregaríamos el patrimonio de la cooperativa a los españoles. Nada más falso, el acuerdo señalaba que, ’de las ganancias’ el 51 por ciento sería para los españoles, y el 49 para EXCÉLSIOR, exclusivamente hasta que quedara cubierta la inversión de aquel grupo. No faltó quienes acusaran de entregar el periódico a extraños. Nuevamente se fue por tierra la posibilidad.
La idea que clarificaron los ’reginistas’ era llevar a EXCÉLSIOR a su destrucción total, desaparecer los fraudes de aquella perversa directiva, vender los bienes productivos, tal y como lo hicieron en el 2006, y embolsarse los despojos como rapiñeros.
Aparecieron los negociantes redentores como Héctor Ravelo Galindo, de publicidad y cobranzas quien aseguró que ’en ocho días vendo el periódico y cada uno alcanzamos 3.5 millones de pesos’. Tal mentira alborotó a un buen número de socios deudores que, sin embargo, vieron la posibilidad de librarse de sus conflictos de dineros con la cooperativa y arreciaron con la exigencia de venta de los activos productivos y abandonar la posibilidad de rescatar el periódico.
Seguían apareciendo calamidades heredadas, hubo la necesidad de suspender a más de 60 inconformes y revoltosos que frenaron el avance. Díaz Redondo y Barrenechea aprovecharon el impase y auspiciaron una revuelta que pretendía hundir a EXCÉLSIOR y desaparecer las pruebas que se acumulaban sobre los delitos, saqueos y raterías de Díaz Redondo y secuaces.
Los ex directivos (expulsados en el 2000) pagaron la instalación de carpas en las afueras de los accesos de Paseo de la Reforma y los más de 60 suspendidos, hacían huir a los anunciantes y suscriptores. Vivieron en la carpa días y noches hasta que la Secretaría de Gobernación, a través de José Luis Durán Reveles, sirvió de mediador para un acuerdo que a la postre de nada sirvió. Los carperos, o azules, como se hicieron llamar, simularon asambleas callejeras, formaron consejos y en forma ilegal se instalaron por la fuerza, violencia y golpes en la dirigencia del periódico y la cooperativa para iniciar trámites de venta por debajo del agua, con Olegario Vázquez Raña.
Previamente aparecieron grupos interesados en adquirir el periódico y sus bienes. La directora, entonces Patricia Guevara, permitió que diversas personas del grupo de Carlos Romero Deschamps, líder del sindicato petrolero, y el equipo jurídico de éste, se fueran colocando y apoderando de los cuadros de mando en la gerencia, el jurídico, contabilidad y la redacción.
Todo ello a través de Víctor García, director de comunicación social de Romero Deschamps y esposo de la señora Guevara Santibáñez. Ya tenían planes de colocar encargados de publicidad, circulación, cobranzas. La idea de Romero Deschamps, se supo posteriormente, era enfrentar y dañar al PAN, y obvio, a la Presidencia de la República en manos de Vicente Fox, para apuntalar al PRI, por consiguiente, al líder petrolero y sus aspiraciones políticas; todo ello a través de los medios de comunicación iniciando por EXCÉLSIOR.
Por carecer de proyecto, por promocionar al líder petrolero, por negarse a enfrentar sus responsabilidades ante el Consejo de Vigilancia, la directora Patricia Guevara Santibáñez, fue suspendida en sus derechos y obligaciones por un periodo de 180 días. En su lugar se le pidió a Armando Sepúlveda Ibarra, que se hiciera cargo de la dirección general y hasta en tanto hubiera nombramientos en asamblea general.
La lluvia de abogados y despachos penales, civiles, mercantiles no se hizo esperar. Ya estaban listas las demandas en contra de Díaz Redondo, Barrenechea y Olivera y la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal comenzaba las indagaciones por los presuntos delitos en los que estaban implicados los exdirectivos de EXCÉLSIOR.
Al igual que por los delitos federales como evasión de impuestos, retención ilegal del IVA, y otros, Díaz Redondo y sus defensores lograron exculparlo y hacerlo parecer como inocente al asegurar que el acusado no tenía ninguna injerencia en cuestiones administrativas y que su labor se concentraba en los asuntos editoriales. Por ende, culpó de todas sus fechoría al que fuera gerente general Juventino Olivera y, presentó una serie de documentos que Regino guardó desde siempre para el caso.
La PGR liberó orden de presentación en contra de Oliveras López pero, al ejecutarla descubrieron que por edad y enfermedad ya era inimputable, por lo que el asunto fue enviado a la reserva y posteriormente al archivo.
10 MILLONES POR LA
NOTA DE 8 COLUMNAS
Armando Sepúlveda aparentó conducir la línea editorial de EXCÉLSIOR por buen camino pero no lo logró, pactó con los carperos, simuló su secuestro y negoció con ellos para correr a los consejos en turno de Rafael de la Huerta y Alfredo Jiménez.
En el país la lucha por la instalación del Nuevo Aeropuerto Internacional entre El Estado de México y el de Hidalgo era el pan de cada día. Ya se daba por cierto que los mexiquenses ganarían la designación e incluso el gobierno estatal ordenó grabar un avión en las placas metálicas de los automóviles de aquella entidad.
Sepúlveda me comentó que había una oferta de 10 millones de pesos por parte de la oficina de comunicación social del Estado de México por la nota principal (la de 😎 para publicar la noticia de que el aeropuerto se construiría en esa entidad.
El reclamo y la negativa fue inmediata. Nos habíamos librado de Díaz Redondo por poner a la venta las notas principales del periódico y, básicamente por ello fue expulsado. No podíamos caer en lo mismo pese a los problemas económicos que enfrentábamos y la falta de liquides.
La nota en sí, merecía ese espacio. A ocho columnas, sin embargo por acuerdo de consejos y dirección, se le vendió y facturó al Gobierno del Estado de México, gacetilla a dos columnas en primera plana y pase a interiores con fotografía. El costo no fue muy diferente, pero si la dignidad de una nueva y mejor conducta editorial. Díaz Redondo y Barrenechea se embolsaron millones con la práctica mercenaria de negociar la información.
COMPRA DE CONSUMIBLES,
OTRO GRAN FRAUDE DETECTADO
El gasto por consumibles de computación era mayúsculo ya que en todos los departamentos se utilizaba la tecnología moderna, sin embargo, semanalmente se pagaban facturas por material que nunca ingresó a la empresa. Eran facturas de no más de 14,900 pesos cada una de las cuales se pagaban en efectivo y a la presentación de los contra recibos.
Al detectar lo extraño del caso se abrió una investigación que culminó al descubrir que ese material pagado en efectivo nunca fue entregado a EXCÉLSIOR, sino a tres empresas de familiares de directivos, una de ellas en la colonia Ejército de Oriente.
Alfonso Millares, uno de los encargados de la investigación reportó que por lo menos había un desfalco por 14 millones de pesos y que familiares del que fuera gerente con Díaz Redondo, Rodolfo Flores, estaban involucrados.
También con los impuestos perjudicaron a los cooperativistas. Los directivos hicieron crear un programa de pago de impuestos en el que algunos agraciados como directores, consejeros, jefes de departamento y ’sus amigos’ integraban una lista de privilegiados cuyos impuestos eran prorrateados entre el personal de todo el periódico. De esta manera el jefe de auditoría Alejandro Zúñiga comentó: ’estoy alarmado por la cantidad de los cargos por impuestos a los trabajadores’. En los sobres con tus percepciones semanales se especificaba el monto retenido por los impuestos, a los privilegiados, nunca les descontaron un solo centavo.
Luego se descubrió el pago de facturas dobles al IMSS con la complacencia de algunos mandos gerenciales. Y así, una tras otra iban saliendo las canalladas de Díaz Redondo, sus cómplices y de aquellos que aún los defienden o con cosas que ocultar.
En el inter de las investigaciones y la búsqueda de un director general porque a Sepúlveda Ibarra ser le perdió la confianza, hubo charlas con Miguel Ángel Granados Chapa, Raimundo Rivapalacio, Raúl Torres Barrón y al propio Julio Scherer García al que le propusimos una alianza entre EXCÉLSIOR Y Proceso, en la que él sería director y presidente honorario. Don Julio sonrió, y se concretó a pedir que se le permitiera caminar en los edificios, en las redacciones, para conocer los edificios de la esquina de la información. Nunca lo hizo.
La aparición de un asesor en materia de cooperativas, Dionisio Noriega Aparicio, provocó curiosidad y temor al mismo tiempo. Él había sido parte del movimiento en la cooperativa Pascual y ayudó a sacarla adelante en beneficio de los cooperativistas. Naturalmente que quienes deseaban o pretendían que el periódico se pusiera a la venta se opusieron a la labor del asesor quien al detectar la gran división entre el personal de las tres ramas de EXCÉLSIOR, apuntó: ’cada vez surgirá un nuevo grupo más violento que el otro y al final, todos perderán’. Como profeta.
Los grupos se enfrascaron en demandas, contrademandas, cambios de consejos de administración y vigilancia, los cuales resultaron ilegales de acuerdo con sentencias judiciales que hoy aún están por ejecutarse y que hubieran cambiado las cosas, pero hoy, después de más de 20 años, parce una historia sin fin.
Continuará.

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