#Un adiós sin Despedida


*El doctor Chávez se lleva Miles de sonrisas al cielo

#Un adiós sin Despedida

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Diciembre 21, 2020 12:54 hrs.
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Rodrigo Miranda Torres

Despedir a un amigo es algo muy difícil y más aún cuando se carece del sostén de un adiós o un hasta pronto. Primero asimilar que ya no está, que se ha marchado y después toparte de frente con cada recuerdo de su amistad, hacen inevitable la aparición de lágrimas huecas, vacías, inertes, incompletas.
Construir un texto que describa el gran aprecio que tuve por el doctor Eduardo Chávez Enríquez es fácil, pero a la vez imposible por la dificultad que ello representa.
Su simple sonrisa es la carátula perfecta del libro que detalla su vida y su trayectoria. Nunca le conocí una señal de enojo, siempre era alegre y su calidad humana se fundía de manera perfecta a su profesión.
El camino de la pediatría le permitió cosechar miles de sonrisas. Su formación fue en el Hospital para el Niño, ahí en ese escenario donde cualquier valentía se vuelve humo ante el rostro enfermo de la niñez.
Aún recuerdo que en las pláticas sostenidas una pregunta recurrente era: Doc cuántas cirugías lleva en su trayectoria?, pensativo por unos instantes me decía, sí llevaba la cuenta pero la perdí, quizá más de dos mil.
Su amor por la atención a los niños no sólo quedó en el aspecto médico que ya es mucho, sino que también se preocupó por llevarles alegría a quienes por diversas circunstancias se encontraban en una cama de hospital en vez de estar jugando en el patio de su casa.
Actores, deportistas, cantantes, eran constantemente invitados al Hospital para el Niño. En fechas célebres Santa Claus o los Reyes Magos, visitaban también al nosocomio, era parte de la receta que el doctor expedía a los pequeños.
Después pasó por el IMIEM y sus logros en el sector público no pararon. Sin embargo, un día tomó la decisión de alojarse en su consulta privada.
A partir de ese momento, mIs ’consultas’ con el doctor fueron más frecuentes, duraban mucho y el tiempo se iba volando. Los temas eran interminables y muy interesantes, de tal suerte que pactamos cápsulas para informar a la gente sobre temas de pediatría.
El médico hablaba desde cómo tratar una angina hasta una cirugía para extirpar un tumor del estómago de un niño. La idea era que se convirtiera en un ’pediatra de cabecera’ para los más necesitados mediante publicaciones periodísticas.
’Yo estoy dispuesto a regalar consultas gratis a quien lo necesite, tú me dices cuándo comenzamos y que vengan a mi consultorio’, me decía siempre en nuestras pláticas.
Ese y otros proyectos han quedado suspendidos de momento. Su partida tan fugaz, ha postergado nuestros planes, pero nos volveremos a encontrar doc y charlaremos otra vez.
Usted no se ha ido, usted permanece no solo en las miles de sonrisas de los niños que trato y sanó con el bisturí de la medicina sino también de aquellos que lo conocimos y tuvimos el privilegio de tratarlo.
Desde lo más profundo de mi corazón le deseo un buen viaje doc y allá donde lo encuentre, -qué seguro estoy de eso-, le haré patente el reclamo de muchos por no dejarnos una receta para llenar el vacío que ha dejado en nuestras vidas.
Donde quiera que se encuentre doc sonría doc, por favor no deje de sonreír. Jamás lo olvidaremos y permanecerá en nuestros corazones
Mis condolencias a su familia

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